martes, 15 de diciembre de 2015

Razón de la Corbata



La Trastienda I 2009


No me gustan las corbatas, las pinto una y otra vez soportando el repelús, pero para a mí, esas cosas fofas son alas de paloma muerta, fláccidas, resbaladizas, quita, quita.


Fragmento de un Homo Economicus.
(destruido preventivamente; ver en
Un Retrato Espeluznante en el Arcón.)  

Pero el tiempo pasa, uno acaba por madurar y aunque no amarraré mi cuello aunque me paguen, sí he acabado por comprender una verdad trascendental: las corbatas están ahí por algo, como los bigotes o las rodilleras.


Completo en Análisis Topográfico de un
Homo Economicus en Crisis Existencial.

Sí, sí, las corbatas están ahí ¡para ocultar a los botones! 


Fragmento de uno de mis Homo Economicus.

En efecto, es bien sabido que el botón es el espécimen más honesto de la zoología sastrera. El botón arriesga su fino cuello con la altruista misión de tejer lazos, sin que a ellos les vaya ni les venga, qué va.



Fragmento, Homo Economicus.

Los botones unen con discreción, algo que el velcro logra solo con estruendo. 


Su función de hecho es sencilla y llana como la del panadero, pero asiste a banquetes y reuniones de ministros: intolerable.



La Trastienda II, 2009

El abuelo de una amiga le dijo una vez: “hay dos tipos de personas, las que figuran y las que trabajan; sé de las segundas, hay menos competencia”. 

Villano, refinado en el vestir.
Antes los malos iban a botón descubierto.
(de la serie Silent-es, 2013)

Y es que la corbata luce y ningunea al que trabaja, el botón; esa es la cruda realidad, por mucho brillo y esplendor con que lo haga.

Ya está, queda dicho, después no me vengan con que no lo sabían.



                                                                                                                               
                                                                                                                                       pedrolezcanojaén