lunes, 31 de octubre de 2016

Aunque sea tarde, Graciela...


Hace un mes recibí correo de Graciela, desde México. Por razones relacionadas con la (in) seguridad internáutica, su mensaje había quedado atascado en el limbo de los correos no deseados durante casi cuatro meses. 

Empiezo a leer. Graciela, a la que no conozco, me regalaba unos versos inspirados en una pequeña serie de pinturas, Las Niñas Viejas, que tenía yo expuestas al público en esos días de mayo y por algún afortunado giro, a pesar de los 9.000 kilómetros que nos separan, Graciela había tropezado con mis niñas a través de la red.

Tras la emoción de una primera lectura rápida, me apresuro a conocer algo de ella en internet antes de escribirle, agradecerle su regalo, explicarle mi demora en contestar, celebrar casualidades. 

Pero pronto comprobé que Graciela Salazar Reyna, poeta y mujer comprometida, había muerto apenas dos semanas antes de que descubriera yo su mensaje, atascado en mi maldito sistema de seguridad informática. 




Me martiriza la idea de que Graciela pensase que no me molesté ni en contestar; y aunque sea un desastre que no tiene arreglo, he decidido ahora liberar estos versos suyos a la red, a una red deseo llena de descocidos, nada segura. 

Lo hago tal cual, copiando y pegando desde su archivo de word:

Niñas grandes

No hay sexo ni trauma ni verdadera belleza en la niñez, sólo futuro, promesas por cumplir… por cumplir, pero para entonces ya no serán niños.

Pedro Lezcano Jaén, Niñas viejas.

i
Por qué calla La Infanta Exploradora
qué ocultan sus ojos de mar echados al horizonte de los nuestros
aquí estoy
dice exponiéndose con resignación in fraganti
sabedora del natural que halló bajo su falda
sin emoción que deba celebrarse
tal vez reclama en un silencio que no alcanzamos ya porque
tiempo y espacio se funden alevosamente para no coincidir
en gesto medias ni zapatos de charol.

Infanta Exploradora

ii
Están tus ojos buscando al horizonte
en Eclosión
mucho más allá de los ojos que te miran
Sol se ha vuelto camino y detrás la flor las alas
el canto y la mariposa que harán primaveras
por encima del invierno
eso explica tal serenidad de alumbramiento
leo tu rostro
volar… ¡volar!                                                                      17 de mayo de 2016
Graciela Salazar Reyna


Eclosión 

Gabriela Salazar Reyna nació en Monterrey, Nuevo León México. Estudió Letras y Educación en el Arte. Tiene dos libros de poesía “Gajos de mi ciudad” (1991) y “Tragafuegos” (1997), publicados en edición bilingüe (español-alemán). Es profesora univesitaria y promotora de lectura. Ha coordinado talleres de Creación literaria para niños, jóvenes y adultos. Comisionada de Licht por América Latina en Alemania e invitada a Lichterfest e Inter Lese: Encuetro internacional de escritores Friedrich Bödecker Kreis en Sachsen Anhalt, Alemania (1997). Sus textos han aparecido en antologías de México y Alemania. Colabora en publicaciones culturales y literarias desde 1980. Es co-editora de la antología méxicoalemana “Die halbe Herrlichkeit den Frauen. Compartir el señorío con las mujeres” (2007).



jueves, 1 de septiembre de 2016

La Gran Prueba


A comienzos de verano llegó la propuesta...


Uno de los bocetos.


Un sueño para cualquier pintor. Al menos para uno que no tenga miedo a mostrar sus vergüenzas. A hacer lo que no sabe o le excite lo desconocido, aunque el sueño se pueda convertir en pesadilla.




Tras la proposición, mi cabeza acalorada no descansó ni cuando simulaba que dormía. Un esbozo de proyecto, el ok definitivo y todo el mes de agosto jugando en los bocetos, finalmente detallados y a escala, en espera de la llegada del material. 

Desde el lunes 29 todo en el taller. Dos días de imprimación por delante y aislante por detrás... Y a pintar. 

Mañana por la mañana empieza la aventura. Ese descomunal tamaño se eleva ya como una sombra cuando entro en el estudio y me susurra ¡atrévete si puedes, pintorcillo!

(Ha habido más cosas, muchas más, en los previos de este reto tan estimulante para mí, algunas que sobrepasaban mi capacidad y para eso he contado con la ayuda imprescindible de José Riquelme, amigo y maestro. También de Juán Méndez, ya un auténtico compañero de batalla. Y por supuesto, de Ana Lola Borreguero.)



lunes, 16 de mayo de 2016

Miedo al desnudo

Su de Ella, la pintura que da nombre y cartel a la exposición actualmente en el Centro de Artes Plásticas de Gran Canaria, no gusta a todo el mundo. Normal. Pero además ha sido causa de varias reclamaciones a la institución responsable, instándola a retirar no solo el lienzo y su banderola sino a su autor de todo lo que tenga que ver con la cultura o el arte.

Voy a responder dando voz a Elizabeth Costello (protagonista de la maravillosa novela de J.M. Coetzee) a través de la carta que ella escribe a su hermana Blanche, mujer reconvertida en monja inclemente en su misión en Zululandia, horrorizada ante los andares "desnudientos" de los nativos de la aldea. 


Su de Ella.

Escribe Elizabeth:  

"Imagina la escena aquel día en el estudio de Correggio, Blanche. El hombre señala con el pincel. Levánta el pezón, así. No, con la mano no. Solo con dos dedos. La mujer obedece y hace con su cuerpo lo que él dice (...)

La atmósfera del estudio se electriza, pero ¿con qué? ¿con energía eléctrica? ¿Están hormigueando los penes de todos esos hombres? Sin duda. Pero también hay otra cosa en el aire. Adoración. El pincel se detiene mientras adoran el misterio que se manifiesta ante ellos: la vida fluye en un chorro del cuerpo de una mujer (...)

Cuando María, bendita entre todas las mujeres, esboza su remota sonrisa angelical y levanta su dulce pezón rosado ante nuestra mirada, está llevando a cabo un acto de humanidad (...) 

Nada nos obliga a hacerlo. Pero lo hacemos, igualmente movidas por el desbordamiento, la efusión de nuestras humanidades: dejamos caer la ropa, nos descubrimos, descubrimos la vida y la belleza con la que estamos bendecidas. 

La belleza. Seguramente en Zululandia, donde tienes tanta abundancia de cuerpos desnudos que mirar, debes admitir, Blanche, que no hay nada más humanamente hermoso que los pechos de una mujer. Nada más humanamente hermoso, más humanamente misterioso que la razón por la cual los hombres quieren acariciar sin cesar, con pinceles, cinceles o manos, estas bolsas de grasa extrañamente curvadas y nada más humanamente atractivo que nuestra complicidad con su obsesión. 

Las humanidades nos enseñan humanidad. Tras la noche secular del cristianismo, las humanidades nos devolvieron nuestra belleza, nuestra belleza humana. Eso es lo que nos enseñan los griegos, Blanche. Piensa en ello."


Niña echándose a perder con la Maja Ovípara.